sábado, 13 de noviembre de 2010

¡QUE NO SE PEGAN!

 
En Estados Unidos tiene mucho éxito un espectáculo (importado de México) llamado WWE; World Wrestling Enterteinment.   En realidad es el famoso Pressing Catch al que en los primeros 90 eramos aficionados casi todos los niños de mi generación.   Pasábamos las mañanas del domingo en casa viendo las últimas hazañas de Hulk Hogan, El Último Guerrero, El Hombre del Millón de Dólares...  Y luego comentándolas e imitándoles cuando nos veíamos en la plaza.   Porque en aquella época los chavales todavía nos juntábamos para hacer cualquier cosa que se pudiera hacer en la calle. Todavía no teníamos consolas.

      Durante años le perdí la pista al Wrestling.   Ya en mi adolescencia dejé de consumirlo, entre otras cosas porque me hice mayor y empecé a sospechar el fraude.   Que en realidad los bestiajos que competían en el ring, que se agarraban del bañador y de los cabellos (como decía Héctor del Mar), que se hacían “sillitas eléctricas” por turnos, no lo hacían de verdad. Los mayores en el barrio decían con toda seguridad -“¡que no se pegan!”.   Mis amigos y yo no queríamos creerlo, pero la duda ya estaba ahí.   Ya no pude ver el Pressing Catch de la misma manera, y rápido perdí todo el interés.
      Hasta que hace unos días fui con Martín el Suicida a un bar para tomarnos un carajillo de Amazonas. Nos sentamos en una de las mesas que estaban frente a la enorme pantalla plana que presidía la sala y en la que estaba puesto uno de éstos espectáculos de lucha libre americana. No reconocí a ninguno de mis ídolos de tardoinfancia, pero me gustó volver a ver el show, y al afinar un poco el oído descubrí a.... ¡Hector del Mar! ¡Todavía continúa locutando el show de la lucha libre americana! Así que durante un rato no pude apartar la vista del televisor volviendo a mi infancia, ajeno a las historias que Martín me contaba.
Había dos equipos diferentes, que estaban en el ring frente a frente. Eran 7 por bando y estaban siendo presentados por un speaker-showman.   Todavía no habían comenzado las hostilidades.   Los luchadores iban eligiendo uno a uno con qué luchador del equipo contrario querían pelear.   Se lanzaban brabuconadas unos a otros, arengaban al público que llenaba el estadio -al menos unas 20.000 personas con sus grandes dedos de espuma - y éste a su vez animaba enfurecido o abucheaba, ya se tratase de su guerrero favorito o del malo de la película.   El pressing catch es un culebrón, en el que cada luchador da vida a un personaje con unos rasgos muy definidos en su carácter y personalidad. Hay buenos y malos, nobles y fanfarrones, skizos, inteligentes, ingenuos, vanidosos...
      
    Cuando han acabado de elegir rivales empiezan a pegarse. O mejor dicho, a hacer coreografías y movimientos espectaculares en el aire y en el suelo. Porque, ahora sí lo se, los luchadores no se pegan de verdad. Ya de antemano se sabe quién va a ganar o perder cada pelea. Como pasa en los culebrones hay un equipo de guionistas que decide lo que va a pasar, y los luchadores-actores simplemente lo representan.
      Lo más curioso de todo es que el público también sabe que todo es un show, que está pactado y que no existe competición real entre los luchadores.   Conocen el secreto, pero actúan como si no lo supieran.   Animan y gritan para que su favorito gane.   Me recuerda a cuando mis padres me llevaban al Retiro de pequeño. Allí hacían un guiñol y todos los niños nos sentábamos en el suelo a ver lo que pasaba en el teatrillo mágico.   Llegaba siempre un momento de climax en que el personaje bueno nos hablaba de frente a los niños y por detrás aparecía el malo con un garrote. Los niños gritábamos, tratando de avisar al héroe de que estaba en peligro. El villano se acercaba más, amenazante, y el bueno seguía sin darse cuenta de nada. Y los niños nos volvíamos locos. Cuidado!!!! Que está ahí!!!! Date la vuelta!!!!! Y al final se la daba. Y el bien vencía al mal. Estaba escrito.

      Pues lo mismo vi en el público yankie. No les importa que todo lo que están viendo sea un fraude (a nivel competición).   Es un espectáculo del que todos forman parte.   Los luchadores, los personajes que pululan alrededor del ring y que no pelean pero tienen su papel en la historia, los comentaristas (Hector del Mar narra los combates como si fueran de verdad, como si hubiera una competición y lucharan por un preciado cinturón mundial). Es como cuando te haces mayor y descubres que los reyes son los padres. Y ellos saben que tú lo sabes. Pero nadie dice nada.   No se da la vuelta a las cartas, y durante los años siguientes se continúa haciendo el mismo ritual.   Todos esperamos a que los demás se acuesten para ponerles los regalos en el salón. Queremos continuar la magia, aunque sepamos que es mentira.

¿Cuantas diferencias hay entre las dos fotos?


Solución: UNA. La primera foto es un miting del PSOE y la segunda un show de Pressing Catch
 

¿Y tú con quién vas?
      Cuando llegué a la chabola me puse a pensar en lo que había visto. Me trajo a la cabeza un espectáculo que tenemos en España y al que todos asistimos, nos guste o no, y en el que casi todos tomamos partido, nos guste o no. Y en el que muchos participan, sin saber que, como sucede con el Pressing Catch, es mentira. Es el Show de la política de los políticos.   El culebrón de lo que pasa en el parlamento.   El equipo rojo contra el equipo azul.   Con los mejores luchadores de cada uno frente a frente en el ring, diciendo frases ingeniosas y poéticas, echándose cosas en cara, amenazando con arrasar al rival en las siguientes elecciones. Rubalcaba VS Cospedal. Zapatero VS Rajoy.     A veces en solitario, a veces por equipos. Ahora el PP ha castigado mucho a Zapatero, entonces aparece Rubalcaba en la esquina pidiendo el relevo, y en cuanto recibe la palmada sale al centro de la lona a batirse el cobre.

      Todos los medios de comunicación que, como si fueran Hector del Mar & Co., aparentan neutralidad (unos lo hacen mejor que otros) y retransmiten las hostilidades como si de una lucha se tratara. Dan voz a unos o a otros, les entrevistan, analizan la jugada, se posicionan, hacen conjeturas...... Y ahí queda todo. Unas elecciones ganan unos y otras las ganan otros. Y todo sigue igual.

      Vuelvo a recordar a los mayores de mi barrio cuando decían ¡¡¡Que no se pegan!!! Y qué razón tenían.

      Los ciudadanos, los votantes, quedamos reducidos a meros espectadores del show. Vemos por la tele lo que dicen, escuchamos las tertulias de la radio comentando la jugada, y leemos en los periódicos como cada uno defiende a su luchador favorito. Somos como el público del Pressing Catch, pero con la diferencia de que nosotros nos lo creemos. Pensamos que la política es eso. Que ser de izquierdas es ser del PSOE y ser de derechas del PP, como el que se hace hincha del Madrid o del Barça. Y nos decepcionan, porque a diferencia del pressing Catch, el espectáculo que nos brindan es nefasto; soporífero. Y a los jóvenes les aburre tanto que no quieren saber nada de ella. Tal vez sea eso lo que pretenden. Que hagamos el siguiente razonamiento:
La política es lo que veo en la tele – Lo que veo en la tele me aburre mucho – La política me aburre mucho – No me intereso por la política.

      Pero nos interese o no, cada cuatro años, nos conceden la oportunidad de votar, y entonces muchos de esos jóvenes y mayores que han llegado a la conclusión “paso de la política” agarran su DNI, van al colegio electoral y no dudan en ejercer su derecho. Vamos a practicar democracia – piensan- porque si no votas luego no te puedes quejar (JA!). Y entonces, sin saber nada de política, votan a su político – luchador – actor favorito, para que durante los siguientes cuatro años dirija gran parte de su vida.

      ¡Mande un sms al 666 con la palabra clave Gobierno mas el partido que desean que gane! Y así los espectadores podemos opinar. Decidir qué luchador nos ha gustado más, quién dice la frase más ingeniosa, quién parece más campechano, quién tiene más comentaristas amigos en los medios de comunicación............... Pero por favor, no traten de hacer política. Eso déjenselo a los que saben. Confíen en ellos, que trabajan por su bienestar.

      Quien quiera seguir asistiendo al show, que lo haga, faltaría más. Pero por lo menos que sepa que no se pegan. Que todo es mentira. Que la democracia es un concurso de la tele. Y como dijo el Príncipe Vagabundo, nada cambiará mientras no tumbemos las antenas.

1 comentario:

  1. Los que de verdad mandan son los empresarios que montan el show.

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